opinión

Seriefilia y politofobia

Actúa María Garzón Blog
Artículo publicado en Contrainformacion.es el 8 de julio de 2019 junto a Arantza Azmara Rogriguez 

No descubrimos la pólvora si afirmamos que vivimos tiempos de seriefilia, consecuencia del mercado audiovisual a la carta que han facilitado y proporcionado las nuevas herramientas que exprimen las posibilidades de la red de redes.

Tampoco seremos muy creativas al describir el momento político como el de la vacuidad de discursos, sustituidos estos por acciones tan grandilocuentes como superficiales, cuando no excéntricas e incluso antagónicas.

Se hace mucha basura en materia de series para dar abasto con la demanda: en detrimento de la calidad, cantidad. Y se hace mucha política basura que también da para muchos titulares, pero que al final se queda en un tráiler llamativo que se traduce en capítulos anodinos y mediocres. Al final, la conexión entre la política y las series está en la posible inspiración en la realidad de la ficción audiovisual que consumimos y de la ficción que adultera la acción política.

Son muchas las series que ahondan en realidades históricas o políticas situadas en contextos reales, que desde la ficción, nos llevan a discutir su posible traslación a la realidad o las utilizamos como elemento de análisis de dicha realidad. Eso sí, en este caso hablamos de series buenas, buena ficción, que puede servir para analizar malas realidades políticas.

Los últimos años de la política española han pasado de esperanzarnos a defraudarnos e indignarnos. En los últimos meses, incluso nos han asustado. Pareciera que la estrategia pesa más que la política, al más puro estilo House of Cards, donde el éxito electoral está por encima de absolutamente todo, no hay límites éticos ni de ninguna clase: ocupar sillón, o evitar que otros lo ocupen, en la mesa del salón del trono, es más importante que dotar a este país de un gobierno.

Las constantes amenazas del PSOE con otras (las mismas, iguales, pero diferentes, hasta que el resultado nos guste) elecciones después de la primera investidura son una burla para las ciudadanas y ciudadanos de este país que les votaron. Que PSOE y Unidas Podemos no acuerden gobierno ni gobernabilidad, pero sí que es necesario reformar la Constitución para no requerir de mayorías para la investidura es otra falta de respeto. Hay montones de cosas más importantes por reformar y algunas las ha olvidado el PSOE después de proponerlas desde la oposición.

Es muy cuestionable que quien tiene el deber de conseguir apoyos se haya dedicado a exigirlos, a esperar pasivamente a recibirlos, o a lanzar propuestas peregrinas públicamente, sabiendo de antemano que van a ser rechazadas por la otra parte. Mero postureo de predisposición a la negociación y al acuerdo. No es menos cuestionable pedir lo que también sabes que no te van a dar, aunque sí más lícito en una negociación, si el objetivo es lanzar una apuesta de máximos, para aceptar una contraoferta de mínimos.

Sabemos que la sociedad española hace tiempo que superó el bipartidismo, así lo han confirmado las urnas en reiteradas ocasiones. La ciudadanía es diversa, es plural y por eso vota a distintas sensibilidades dentro del eje tradicional ideológico de la izquierda a la derecha, pasando obviamente por un centro lleno de matices. Precisamente, los matices son los que colorean nuestro amplio espectro político y decantan al electorado. Hoy votamos a la carta, casi como elegimos la próxima serie a devorar. Y por mucha estrategia y nostalgia bipartidista, el multipartidismo ha llegado para quedarse. Podrá pulirse, podrá dejarse a partidos por el camino, pero los y las votantes, como quienes elegimos serie en las múltiples plataformas que las ofertan, no van a tragar con Netflix sin diversidad.

Intentar dilatar tiempos, amenazar con nuevas elecciones, no es sino una estrategia que va en contra del mandato claro de los ciudadanos y ciudadanas de este país que han mostrado su rechazo al blanco o negro y esperan gobiernos plurales, ya sean llamados de coalición, colaboración o la fórmula que inventen las partes, pero que en definitiva trabajen para representar a la amalgama social.

¿Queremos ganar en democracia? Miremos hacia los países nórdicos, miremos a nuestros vecinos peninsulares, antes de empezar a amenazar con una posible segunda vuelta que, si nos ponemos exquisitas en el análisis, sería más bien la cuarta desde diciembre de 2015, moción de censura mediante e incapacidades constatadas para armar gobiernos útiles de cualquier signo. Con especial torpeza desde la izquierda y parece que desinterés por parte de un PSOE progresista, de izquierdas en la oposición, y neoliberal de centro cuando gobierna.

Nuestros políticos no están aún a la altura de los tiempos ni del mandato de las urnas. Si no son capaces de ponerse de acuerdo en un programa de mínimos, en un proyecto común para, con lealtad, apoyarlo, ¿de qué nos sirven?

¿Alguien recuerda ya el motivo para llevarnos a elecciones anticipadas?: El bloqueo a los presupuestos. Después vinieron los decretazos electorales para aprobar prisa y corriendo todo lo que no se había hecho en 9 meses de legislatura. Curioso que tras el 28A ya no había prisa en formar Gobierno, mejor esperar a ver la fuerza real del resto de partidos tras las Europeas y Municipales.

Dos meses y medio después de esas medidas de urgencia, seguimos esperando a que unos señores se pongan de acuerdo. Pero claro, resulta que son guiones de series diferentes, por lo que el desenlace es incierto y previsiblemente carente de todo racor de coherencia.

House of Cards y Juego de Tronos no es que no tengan que ver, pero reflejan dos modos de hacer muy diferentes y ninguno es deseable en una democracia que aspira a ser moderna y dar respuesta a las necesidades sociales, poniendo en el centro del interés el bienestar mayoritario.

Si esto fuese una serie, puestas a jugar con la ficción, nosotras elegimos Börgen. En este caso, un gobierno a la danesa. ¿No la conocen? A qué están esperando.

 

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