opinión

Reacciona y Actúa: Es la hora de la verdad sobre los crímenes franquistas

La afirmación de que lo sucedido durante la Guerra Civil y el Franquismo forma parte del pasado, es una falacia de la derecha. Es necesario identificar los grandes errores y culpas colectivos, para no recaer en ellos. Afortunadamente ya hay muchas voces que piden Verdad, Justicia y Reparación. Es necesario avanzar en ese camino. Por ejemplo, sería muy conveniente que se establezca una Comisión de la Verdad en nuestro país.

 

Una de las mayores falacias que repite una y otra vez la derecha de nuestro país, es que lo sucedido durante la guerra civil y el franquismo forma parte del pasado. Bajo el pretexto de que no se deben “reabrir heridas”, pretenden que se mantenga un silencio impuesto por los que oprimieron a las ciudadanas y ciudadanos españoles durante 40 años. Y lo cierto es que, durante los otros 40 años de vida de nuestra actual democracia han conseguido en cierta manera su objetivo de imponer el Silencio y el Olvido. Sin embargo, nunca supieron prever la fuerza de las víctimas, incansables, que habrían de despertar a una sociedad que, tras vivir años montada en el tren del progreso sin echar siquiera un vistazo a los márgenes del camino, empieza a despertar de su letargo a pesar de todo.

Siempre me gusta explicar lo que sucede hoy en día con la misma metáfora. Nuestra democracia es un edificio que se construyó sobre el cenagal que fue el Franquismo. Ese es el motivo de que ahora tengamos una plaga de cucarachas que hacen tambalear los derechos conseguidos. Porque, tal y como establece el derecho internacional, solo si se aplica la Verdad, la Justicia y la Reparación, se pueden dar las garantías reales de no repetición. Para entender el Presente es imprescindible conocer el Pasado y esto es lo que se nos ha negado a los españoles.

En los talleres sobre los Derechos de las Víctimas que, en el marco del trabajo de la Fundación Fibgar, imparto a chicas y chicos adolescentes, me doy cuenta de que el franquismo no es sino una gran página en blanco en su cabeza. No en vano, este periodo no entró a formar parte de los libros de texto hasta 2006, y aun así, casi la totalidad de los asistentes me cuentan que nunca hablan de ello en clase, bien porque no da tiempo, bien porque el profesor elige centrarse en otras partes de la historia reciente. La ecuación es sencilla: ocultación de lo sucedido a mis jóvenes, más un sistema educativo que no forma ciudadanos si no “máquinas productivas”, igual a una juventud dúctil y maleable que no se hace preguntas.

Afortunadamente, este progreso que quisieron que abrazáramos como opiáceo para no pensar en de dónde veníamos como sociedad, nos trajo también las redes sociales y la apertura al mundo. Y las víctimas y las asociaciones que jamás han cejado en sus reivindicaciones, pudieron acceder a estos nuevos altavoces que hacían que su verdad llegase cada vez más lejos y a más gente. Siempre he pensado que si en una cosa se equivocaron los que quisieron idiotizarnos como sociedad, es en subestimarnos. Pensaron que, en pleno siglo XXI, podían acabar con el único juez que se atrevió a investigar los crímenes franquistas sin que nada pasara, y lo que pasó es que las víctimas se revolvieron, se organizaron, gritaron basta, y su lucha se propagó por internet hasta los lugares más lejanos. Pensaron que las víctimas morirían, y con ellos las heridas, y lo que pasó es que a pesar del miedo a relatar lo sucedido en público, éstas sí hablaron con sus hijos, con sus nietos; y éstos, cada vez más fuerte, exigen que se cumplan sus derechos. Pensaron que las instituciones europeas e internacionales seguirían haciendo la vista gorda sobre los incumplimientos sistemáticos del Gobierno español de atender a sus víctimas, y pasó que las personas en esos órganos cambiaron, y llegaron aquellos que habían visto cómo en sus países se habían ejercido estos derechos sin que se quebrase nada, y entonces miraron hacia España para ver espantados como nuestra bien vendida democracia estaba en realidad pudriéndose. Pensaron que, a pesar de que implantaron un capitalismo atroz, el estado del bienestar jamás quebraría, y lo hizo, en 2008, y la gente dejó de mirarse al ombligo y tuvimos que mirarnos los unos a los otros, y juntarnos, apoyarnos, ayudarnos. Y algo que estaba en nuestros genes, aletargado durante tantos años, volvió a despertar: el espíritu de todos aquellos que habían luchado porque pudiéramos mirar hacia adelante; aquellos de los que nos habíamos olvidado al no mirar atrás.

Y ahí estamos ahora. En un momento en el que a pesar de que hayamos permitido como sociedad muchos pasos atrás, sí pensamos en los derechos que nuestros abuelos conquistaron. Ahora que vemos con la facilidad que los hemos perdido, comenzamos a despertar de nuestro letargo, sobre todo gracias a que hubo muchas y muchos que nunca descansaron y que tiran de todos nosotros. Lo hemos visto estos meses con las manifestaciones de los jubilados. Ellos lucharon entonces y ellos tiran ahora de todos nosotros. Y vamos dando pasos hacia delante, gracias a que hemos echando la vista atrás para entender las cosas, y comprender que no se construye sin el pasado. Y vamos consolidando una sociedad civil cada vez más fuerte y más indignada, cada vez más organizada. Y tenemos unas víctimas cada vez más visibilizadas. Y unas fuerzas políticas que comienzan a apoyarlas con paso más decidido.

Lo hemos visto el pasado 8 de marzo, día en el que las mujeres españolas literalmente pararon el país y llenaron las calles para luchar contra los efectos que el patriarcado. Un patriarcado que se hizo fuerte durante el Franquismo, momento en el que las mujeres perdieron los derechos que habían conquistado durante la II República. Un patriarcado que El juez Baltasar Garzón publico.es llega hasta hoy y que lo ha hecho en gran medida porque no hemos estudiado, analizado el sistema franquista, porque no nos han contado la Verdad, porque no se ha reparado a nuestras mujeres, porque no ha habido justicia para ellas.

Lo mismo puede aplicarse a muchas otras lacras de nuestros días. La falta de libertad de expresión, la falta de formación de Derechos Humanos de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad, que provoca situaciones que no deberían darse en una democracia, la utilización política de la fiscalía, la muy dudosa separación de poderes, etc.

Queda mucho por hacer; prácticamente todo. Pero debemos comenzar por exigir que se establezca una Comisión de la Verdad en nuestro país, que establezca un punto de partida para que miremos al futuro. Las Comisiones de la Verdad funcionan, reconcilian, cierran esas heridas que no dejan de sangrar. Porque la Verdad sólo cura, y conquista espacios que ya son difícilmente reconquistados. Estos mecanismos de Justicia transicional se han puesto en marcha en más de 40 países y acaban con un informe final que establece una serie de recomendaciones que abren la puerta a las otras patas del derecho de las víctimas, pero sobre todo establecen políticas públicas para dotar a la sociedad del conocimiento de lo sucedido en su país, y evitar así que se vuelva a repetir. Son el paso necesario para girar, cambiar el punto de vista y ponernos en el lugar de la víctima, y entender que las sociedades que han sufrido procesos dictatoriales y crímenes de lesa humanidad, son en sí misma víctimas de sus consecuencias. Estoy convencida de que el momento es ahora, de que los astros se alienan para que entre todos sumemos, y estoy segura de que así será, porque como decía Antonio Machado: “Hoy es siempre todavía”.

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