opinión

Reacciona y Actúa: El día que me memoricé

Recordaré siempre el 18 de noviembre de 2008 como el día en que ME MEMORICÉ.

Hasta el momento, era apenas conocedora de una historia transmitida de forma sesgada en los libros de texto; de lo que había oído en casa; de aquellas ‘batallas’ que mi abuela narraba sobre su hermano; de lo que había visto en películas o en la inagotable Cuéntame. Pero ese 18 de noviembre recibí una tremenda bofetada de realidad, 130.000 hostias, diría yo.

Aquel 18 de noviembre de 2008 mi padre firmaba el auto de inhibición que, por vez primera en España, cifraba el número probable, tras una prueba pericial, de personas desaparecidas de manera forzosa en el periodo de la Guerra Civil y el franquismo. Lo fundamental y novedoso es que cifraba en el plano oficial, pues por supuesto ya existían relatos de historiadores y estudios más o menos rigurosos. Ese día lo cambió todo y es posible, por los propios titulares y cómo se recogió en los medios de comunicación, que no se llegase a entender la relevancia del logro. El tiempo ha demostrado que fue un hito determinante.

Ese día también me cambió a mí. Desde entonces, no he dejado de aprender, en gran parte de la enorme generosidad de las víctimas, de un camino acompañada de personas comprometidas de verdad con la Memoria Democrática. Porque de eso se trata: de construir una Democracia fuerte, que garantice los derechos de quienes lucharon para que nosotros hoy los ejerzamos y disfrutemos. Se trata además de no comenzar la casa por el tejado, de asegurar que los cimientos de nuestra Democracia se apuntalen de una vez por todas fuera del lodazal sobre el que se edificaron, una Dictadura de 40 años.

Hace unos días escuchaba el dato que maneja el Ministerio de Justicia de que ahora mismo hay 25.000 cuerpos que pueden y deben ser exhumados según el informe forense encargado por la Dirección General para la Memoria Histórica. Este dato, que se presentaba como una victoria, no pudo sino producirme indignación y vergüenza. Lo dije nada más oírlo y lo repito ahora. Que, en un país, con entre 130.000 y 150.000 desaparecidos, sólo sean recuperables 25.000 cuerpos, algo hemos hecho bastante mal.

Hemos tenido 40 años como sociedad para encontrar una voluntad política que garantizase los derechos de más de la mitad de la población a la Verdad, la Justicia, La Reparación y las Garantías de No Repetición.

Es más, en estos 40 años no hemos siquiera sido capaces de entender que son derechos que no afectan sólo a las víctimas directas, son derechos de la sociedad en su conjunto, derechos que definen nuestro modelo de país. Son nuestros derechos.

Cuando desde las organizaciones de la sociedad civil se elaboran programas para formular políticas públicas, se establecen objetivos generales y específicos, indicadores, sistemas de control, estrategias, redes de aliados. En definitiva, se trabaja con una aproximación integral, profesional y realista, a la problemática que se quiere abordar. Curioso, porque lo que parece pasar con algunas cuestiones, como pasa con las políticas públicas de Memoria de nuestro país, es que la metodología desaparece en manos de nuestros políticos cuando priman el momento electoral, el sentimentalismo, el miedo a perder votos o el odio, en función del sesgo ideológico de la formación.

Ayer fue el Día Internacional del Derecho a la Verdad, uno de los cuatro pilares que sustentan los derechos de las víctimas de crímenes de lesa humanidad y que, como apuntaba antes, nos conciernen a todos y todas, no solo a las víctimas directas y a sus familias. Ya fuese porque era domingo o porque es un asunto que no hace ganar elecciones, pasó desapercibido a pesar del empeño de las entidades memorialistas en recordárnoslo. Un dato: en el acto conmemorativo que se celebró el pasado día 21 en el Senado, sólo asistieron dos formaciones políticas, PNV y PSOE. Hubo quienes justificaron su ausencia por e-mail, alegando que tenían actos de campaña. Y no puedo más que reprocharles que no es suficiente, ¡no! Ni la disolución de las cortes, ni la vuelta del ‘Salvador de la Patria’ justifican dejar solas a las víctimas y exigir el derecho a la Verdad.

Razones y argumentos sobran para que la Memoria no quede en segundo plano, y mucho menos en el olvido. Pero es que, además, la Verdad es sanadora. Establecer una Comisión de la Verdad en nuestro país -tal y como ya se ha hecho en más de 40 países- ha de ser objetivo prioritario de todas las fuerzas democráticas. La ciudadanía debe conocer de dónde viene para entender dónde está y decidir qué país queremos construir para el futuro.

El Estado y los poderes públicos son los que tienen que asegurar la Garantías de no Repetición. Y todo esto pasa necesariamente por mirarnos hacia dentro con honestidad, sin miedo a reconocer que en este país se cometieron actos atroces, se cercenaron derechos, se persiguió sistemáticamente a personas por sus ideas, por su condición social, se alimentó el odio. El Estado y los poderes públicos son los que tienen que reconocer que lo que sucedió, sucedió, y que estuvo mal. Pedir perdón y poner de una vez por todas los medios para que se repare a las víctimas, que lo son en gran parte por luchar para que vosotras y vosotros, para que yo, estemos ahora en un país democrático, imperfecto, pero libre.

Tan importante es la verdad, que tiene que estudiarse en las escuelas.

Es igual de importante que los muertos no sigan en las cunetas ni en fosas comunes. Es igual de importante que no exista un solo lugar de culto al fascismo en nuestro país. No haber hecho todo esto nos ha llevado a que 40 años después las Garantías de No Repetición hayan comenzado a quebrarse. Solo hay que ver la bien llamada ‘Ley Mordaza’; constatar los recortes en derechos laborales y sociales; la existencia de concertinas en nuestras fronteras o escuchar las barbaridades que la extrema derecha dice día sí, día también, y que impune, a pesar de incurrir en un claro mensaje de odio.

Las políticas públicas de Memoria son imprescindibles porque no son del pasado, son del presente. Porque también te afectan a ti, por mucho que no hayas oído hablar jamás de lo que ocurrió en un país llamado España que casualmente es el tuyo.

Aquel día en que yo ME MEMORICÉ, empecé a moverme con un objetivo claro, que esta sociedad, que durante años ha olvidado a las víctimas, tome conciencia y se mueva con nosotros, por ellos y por todos y todas.

 

Publicado originalmente en Contrainformacion.esEl día que me memoricé [María Garzón]

Related posts

Reacciona y Actúa: Palabras desaparecidas

Maria Garzon

Fumarse un porro legal

Maria Garzon

Reacciona y Actúa: El día después

Maria Garzon

Leave a Comment