opinión

Always let your conscience be your guide: reflexión sobre la educación

  Always let your conscience be your guide es la frasecita que ha transcendido desde Pepito Grillo del célebre Pinocho hasta la actualidad. Seguro que el personaje estaba de acuerdo conmigo en el convencimiento de que es necesario hablar de los asuntos importantes y que, en tiempos en los que las banderas electorales están a la orden del día, es más importante abordar los problemas con los que nos enfrentamos la ciudadanía que formular el mejor de los eslóganes. En definitiva, que menos marketing político y más meterse en harina.

Uno de esos temas que considero de vital importancia es la educación. Las leyes sobre educación cambiantes, aprobadas y derogadas con cada fuerza de gobierno que llega al poder nos hacen un flaco favor. Apuesto firmemente por un pacto en educación para establecer líneas guía consensuadas que se mantengan a medio plazo para poder construir un sistema sólido que apueste por una formación a nuestras hijas y a nuestros hijos principalmente en un pensamiento crítico. Estamos todos de acuerdo en que los trabajos del mañana todavía no están inventados, la educación de un niño, una niña o un adolescente debería destinarse a modelar los mecanismos de pensamiento, acompañarlos en el camino para llegar a ser personas críticas, honestas, creativas, capaces de entablar diálogo, de relacionar la historia del pasado con la historia del hoy y la historia del mañana y capaces también de comprender que formamos parte de una sociedad.

La historia es una pieza fundamental en la educación, es una piedra de toque. Actualmente se estudia de forma lineal, desde la antigüedad clásica a la época contemporánea. Y todos sabemos, por experiencia propia, que los últimos temas se pasan de puntillas, con el horizonte veraniego demasiado cerca. ¿Tiene sentido que nuestros estudiantes analicen tan someramente el hoy, la etapa actual que están viviendo, el mundo en el que están inmersos? Necesitamos realizar una exhaustiva revisión de los libros de texto actuales, los libros que nos hablan desde una óptica hiperbelicista y con una perspectiva de masculinidad hegemónica, donde las mujeres están tristemente silenciadas e invisibilizadas. ¿Qué referentes van a tener nuestras hijas si no están presentes a lo largo de la historia? No se trata de incluir una asignatura estrella en el currículo, se trata de analizar el problema de raíz y vertebrar un sistema y unos libros de texto con la cuidadosa mirada de la inclusión a todos los niveles.

Al hilo de la mirada feminista de la educación tengo en la cabeza la educación sexual. La realidad es que las escuelas no cuentan con educación sexual adaptada a las diferentes etapas educativas y esta realidad supone un retraso brutal. Y no es que lo diga yo, apoyan y recomiendan la educación en materia sexual organizaciones como Naciones Unidas, la Unesco o la OMS. Es vital formar a nuestras niñas, niños y adolescentes en el respeto, en el deseo, en la empatía. La geografía, las matemáticas y la literatura deben debe ser complementadas con la educación sexual, la formación en el respecto a lo colectivo y en la cultura de la diversidad.

Y con necesaria revisión no me estoy refiriendo únicamente a un tema de sexo y de invisibilizarían de la mujer, hay muchos más asuntos transversales que podemos tratar. Uno de ellos, por ejemplo, es la religión. Nuestro país y nuestro sistema educativo es laico, o al menos así lo recoge nuestra constitución. Es por ello, que la religión es una elección personal y familiar que debe ser ajena a las escuelas. Sin embargo, las últimas reformas educativas recuperaron la religión como asignatura optativa. Y no quiero demonizar con esto una enseñanza que considero sí debe estar incluida en los currículums de historia dado que las civilizaciones y la ordenación sociológica están íntimamente relacionada con el desarrollo de las religiones, como parte de la cultura. Pero en la Escuela Pública, no cabe otra aproximación, no cabe formar en el culto religioso, porque la educación debe servirnos como vehículo de conocimiento, el respeto y la cultura de la diversidad, pero para cultivar la fe ya existen las entidades religiosas, de todas las confesiones.

En España necesitamos una ley de educación que perdure, que sea acordada por un amplio espectro de las fuerzas políticas y que ponga en valor una educación pública de calidad que fomente el pensamiento y la conciencia crítica, una educación que, como Pepito Grillo, nos recuerde que debemos poner el foco en lo importante, lo que se convertirá en la guía de nuestras vidas.

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